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Los catetos del campo

Decía Nietzsche, famoso filósofo alemán del S. XIX, que quién tiene un porqué puede soportar casi cualquier cómo. Victor Frankl, psiquiatra austriaco superviviente del holocausto, usa esta idea para describirnos su experiencia en un campo de concentración nazi en su famoso libro “el hombre en busca de sentido”.


Hace unos días, charlando con un recién conocido y comentando a lo que me dedicaba, me dijo, además bastante convencido: ¨Antonio, la agricultura ya no tira”. Yo intentaba explicarle las bondades de nuestro sector pero de ninguna forma podía convencerlo, ni con números reales. La agricultura, amigos míos, no tiraba. Acto seguido, fue a un famoso supermercado, con canción pegadiza y CEO valenciano, a comprar verduras y frutas porque no quería ver a sus hijos comer “mierdas” (sic).

Más allá de lo paradójica y quasi esperpéntica estampa, me hizo recapacitar una vez más sobre lo que tantas veces he vivido. La descalificación sistemática del mundo al que pertenecemos. La continua denostación con tintes clasistas que sufre esta digna profesión y la supuesta inferioridad cultural de aquellos que la practican, los catetos del campo. Yo no soy productor (aunque estoy empezando a hacer mis pinitos).

Pertenecemos a la industria auxiliar, fabricamos invernaderos, así que no puedo ni quiero imaginar lo que nuestros amigos productores han debido tener que escuchar y sufrir en primera persona durante toda su vida. Precios a veces sujetos a especuladores, trabajo duro, jornadas eternas en ocasiones poco gratificantes y un sinfin de vejaciones públicas y privadas con el catetismo por bandera.

Tradicionalmente, son los primeros en salir malparados. Aún recuerdo con una mezcla de remordimiento y vergüenza, cuando en 2021, con la subida del precio de materiales debido al COVID, tenía que dar presupuesto a un amigo productor que quería seguir emprendiendo. Me dolía profundamente ver lo que debían pagar por seguir persiguiendo sus sueños. En estos días, leo con asombro, como una vez más son los mayores damnificados ante cualquier inestabilidad que pueda surgir.

La UE decide recortar un 22% las subvenciones de la PAC. Al parecer, es mejor comprar balas que verduras, fruta o cereales. Curioso que a pesar de que una alimenta la lista de muertos y otra alimenta la lista de vivos, sigamos prefiriendo la primera.

Conclusión sobre el valor del trabajo en el campo

Seguirá siendo un misterio de dónde sacan fuerzas, ánimo e ilusión nuestros agricultores para seguir luchando como lo hacen cada día. Supongo que los que tienen un porqué, pueden soportar casi cualquier cómo.

Puedes leer más reflexiones como esta en nuestro Blog.

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